miércoles, 25 de mayo de 2016

Una pausa [en el recuerdo].

Revisando las cajas y estantes de una habitación/depósito encontré cuadernos viejos.
Carmesí cerrado hasta la tarde, hoy (feriado) los especiales tienen color blanco y celeste. Una lluvia helada me impide hacer algo más útil que sumirme en los recuerdos.
Encontré una carta dirigida a un fantasma, la idea, en ese momento, era entregársela en mano alguna vez. Hoy me pregunto si podré dársela (si podré ver esos ojos).
Aunque ya no tiene sentido para mi... Todavía no soy fuerte para destruirla. Quedará, entonces, juntando polvo de nostalgia de lo que no fue ni quisiera que hubiese sido.
Y esto no tiene forma de historia pero despierta muchas de ellas.

sábado, 19 de marzo de 2016

La casa de los placeres, segunda parte.


"Por ese entonces estaba en la búsqueda de algo que desconocía, el continente oeste es famoso por la lista de historias fantásticas, las piedras preciosas, montañas místicas, pueblos fantasmas y ciudades oscuras. En una de estas últimas (famosa por su atractivo turístico, casas de té y restourants con grandes estatuas de dragones y peces) tuve una pelea horrible con una persona muy querida, huí del hotel dónde me hospedaba y vagué por las calles de ese lugar hasta que, por hacer unas preguntas, me hice amiga de un grupo de chicas y chicos jóvenes, ellos me invitaron a quedarme en su casa y prometieron mostrarme los atractivos bares-jazz de la ciudad. Y fue en uno de estos lugares que entre copa y copa surgió el mito que me llevó a la capital.
"Primero me preguntaron si ya había pasado por allí, ya que estaba a unos pocos kilómetros y luego empezaron con las historias. Recuerdo muy bien la conversación.
"-hay un spá exclusivo en la zona vieja...-comentó una de las muchachas guiñando el ojo, todos gritaron cosas del estilo 'si sobrevivís' o 'no hablarás de la casa maldita!'- claramente hablo de esa casa, y no solo eso, una prima fué y me aseguró que si tenés el manual para realizar correctamente los puzzles luego entrás en el paraíso terrenal, con manjares, personas hermosas, música celestial y todo lo que pueda desear cualquier ser humano... se dice que se cumplen los deseos, que la casa sabe y te da aquello que buscás... aunque también sé que el castigo por equivocarte o no cumplir el tiempo pautado para solucionar los puzzles se paga con eterno sufrimiento.
"Cuando la joven terminó su relato yo ya estaba reservando por Internet un hotel en la costa norte de la capital. Eso necesitaba, una fuerza mayor que me dijera, mejor aún, que me mostrara lo que estaba buscando."
"Creo que mis nuevos amigos no sospechaban que era tan osada para buscar la casa de la que tanto habíamos charlado, sin embargo uno de ellos me gritó cuando subía al tren que ante cualquier emergencia la página 23 tenía la forma de escapar.
La capital, como rememoramos hace un rato, se divide en dos partes separadas por un río y conectadas por vías aéreas que se escabullen por cada rincón. El sistema es tan eficiente que casi no se ven autos por las calles. Del lado del mar (el cual es pequeño y se conecta al océano por un único canal) es la parte moderna, colosal centro administrativo con cientos de bancos y empresas, los hoteles están a lo largo de toda la costa. El día que llegué un terremoto del otro lado del mundo estaba causando unas olas enormes, aunque estaban controladas preferí escaparme al lado viejo de la ciudad para hacer más averiguaciones sobre la casa de los placeres.
"Tuve suerte, si lo puedo decir así, en el tren que me llevaba a no sabía muy bien dónde, un grupo de asaltantes decidió mostrar las nuevas armas que poseían, advirtiéndonos. Aterrada pero muy acostumbrada a los humanos no-humanos me escondí tras unos asientos y observé a los ladrones. Luego de mas bien palabrerío barato se bajaron con tanta rapidez en una estación que uno de ellos dejó caer un libro de su bolso.
"Aprovechando el susto de los pasajeros tomé el libro que parecía ser una biblia vieja, pero al abrirla encontré unas instrucciones medio confusas.  Inmediatamente supe que era. El destino... el mismo que me llevó misteriosamente hasta la casa. Me bajé en una zona de apariencia muy antigua al límite con el barrio de fábricas y casi hipnotizada reconocí cuál era el lugar que buscaba.
"De apariencia normal, quizás descuidada, una puerta abierta me invitaba a adentrarme en sus fauces y yo caí rendida a la tentación sin pensar en las consecuencias. En cuanto entré la puerta se cerró a mis espaldas, el recibidor era un área amplia de dos ambientes con dos puertas más al final de la habitación. Paneles de madera en las paredes, alfombras rojas y un cantidad excesiva de adornos gigantes que llenaban todo el espacio: la mayoría de madera pero también había vidrieras de exposición con porcelana, bibliotecas abarrotadas de libros, candelabros diversos en el techo y cuadros  rarísimos en todas partes. Una voz masculina me dijo que tenía diez minutos para resolver el puzzle.
"Creo que ahí me percaté del riesgo que corría, la voz amenazante hacía la cuenta regresiva y yo intentaba comprender qué debía hacer. Tras unos minutos se me ocurrió leer el libro y reconocí unos símbolos en cuatro totems, pero las letras estaban borroneadas y aunque comprendí que debía colocar el nombre correcto con la figura correcta cuando la voz  anunció que faltaban treinta segundos para perder me desesperé. Corrí hacia la puerta de salida pero comprobé con horror que estaba cerrada, la segunda puerta también lo estaba y casi que recé para que la tercera no me defraudara.
Estaba abierta, me metí sin pensarlo y, caí en una especie de hueco eterno, a mi alrededor se repetía mientras caía una habitación similar a dónde estaba hace un rato, llena de adornos exagerados.  Pero no dejaba de caer y para sumar a la tortura me di cuenta que algo me estaba siguiendo en mi caída eterna, y sonaba macabro, oscuro, terrible.
"No pude recomponerme rápido, el miedo de que la criatura me alcanzara me paralizó por horas, cuando me di cuenta de que la tortura consistía en justamente una persecución sin fin empecé a idear un plan de salida. Recordé el consejo del joven, página 23, abrí el libro que por suerte aún llevaba conmigo y encontré la pista para salir. Debía agarrar una red que estaba colgada de adorno en algún lado de aquel espacio y engancharla rápidamente del lado opuesto, de esa forma la bestia quedaría atrapada.
"Cuando lo logré un agujero nuevo apareció en una pared, al meterme estaba nuevamente en el recibidor. La puerta del laberinto se cerró,  yo caí al suelo llorando e intentando acostumbrarme a la imagen quieta que tanto añoraba. Una voz femenina me dijo que el diario con las instrucciones para acceder al paraíso lo tenía que recibir de un par de ojos grises, que lo merecía por sobrevivir.
"La puerta de entrada se abrió y yo me arrastré hacia la hermosa luz del día. Así estuve, tirada bajo el sol del atardecer un rato hasta que los hermosos ojos grises que tanto quiero, aquí presentes, me despertaron de mi ensueño".
Los ojos grises sonrieron.
  - se lo tomó igual bastante bien-le dijo al extranjero- ella me contó su experiencia con paz  y casualmente me acababa de enterar de la existencia de uno de los manuales en una universidad cercana que estaba en receso de verano. La guié no sin antes pasear por los barrios viejos que me gestaron. Luego de eso la mandé de vuelta a la casa embrujada e ignoro que le sucedió luego.
Era tarde, al menos las dos de la mañana, la historia había terminado por ser como esa caída, eterna. Comencé a levantar las tazas y copas ya vacías hace rato.
"Y nada más, resolví el puzzle con las instrucciones correctas y entré a uno de los paraísos más hermosos que visité" concluí.
  - increíble- dijo el viajante extasiado- de todas formas por el castigo prefiero visitar otra aventura... y vos? Ahora pensás arriesgarte de vuelta?
  - no sé en qué consistiría un segundo castigo asi que espero que la voz femenina no me esté engañando- contestó el jóven de ojos grises mientras guardaba el librito.
  - suerte con eso... pero tengo una última pregunta...-me miró fijamente- descubriste qué estabas buscando? Qué era?
"Si" dije ruiseña "pero es un secreto".
  

viernes, 18 de marzo de 2016

La casa de los placeres, primera parte

Estaba charlando con un cliente (de aquellos viajeros  fugaces que suelen visitar Carmesí) cuando entró por la puerta una cara que me resultó conocida.
"Ahh" dije, recordando, "mi amigo citadino..." y si, era aquel gran compañero de la infancia, con quién había compartido tantos viajes y aventuras, aquel muchacho de ojos grises que vió el miedo, la desesperación, las lágrimas y emociones cruzar mis pestañas.
  - Volví... - respondió sonriente y se sentó junto al otro cliente, en la barra.
"Es raro que estés por acá, esta ciudad llena de conflictos no parecería ser un destino ideal para vos..."
  - Por supuesto que vine a verte nada más, pero esta vez de interesado, aunque pienso volver en otra ocasión para charlar de historias...
"Siempre tan melancólico..." suspire mientras colocaba en la mesa el cortado mediano que sabía que quería "de todas formas las historias siempre surgen".
- En parte es cierto, porque voy a tener que desenterrar una anécdota para pedirte un favor... te acordás de la capital del continente oeste?
Por un momento suspiré, invadida por la nostalgia, "cómo olvidarla..." pensé y rememoré en voz alta las caracteristicas de ese lugar tan enorme, tan colosal que provocaba escozor, la ciudad separada por el gran río, del lado moderno la costa con olas caprichosas enormes ( el afán de los pescadores por conseguir los preciados manjares de ese mar misterioso...) , la parte antigua con edificios enormes y callejuelas que se desarman en preciosos azulejos y baldosas de tiempos pasados, el sistema de vias que cruzan el firmamento para conectar de una punta a otra esa capital impresionante...ah... también lo terrible, la soledad los primeros días, los peligros que conlleva vivir en un lugar con tanta diversidad de gente, yo jóven, aventurera, cabezona y persistente intentando develar un mito de la ciudad, una leyenda urbana que habla de una casa antigua y peligrosa, pero que tras el terror encontré un paraíso de placeres terrenales...
Y me detuve " no será...?"
  - si, vengo a buscar el librito para intentar pasar las pruebas...y entrar en la casa.
"Uf, pero por qué viniste tan lejos? No es que la misma ciudad tiene miles y miles de manuales con las instrucciones?" Contesté, preocupada, recordando el castigo por no hacer bien las cosas en aquel momento.
  - ya fui, ya me equivoqué y me salvé (gracias a lo que me contaste) y la voz me dió una segunda oportunidad diciéndome que consiga el manual que te ayudé a buscar...
En fin, pensé, aliviada, "tendré que dártelo" me incorporé de mi lado del mostrador y me fui a la parte de atrás del café, Sopa dormitaba sobre el sillón del escritorio, como adivinando que estaba buscando algo por ahí.
Hasta entonces el cliente viajante estaba más que interesado.
  - Me gustaría saber más de todo ese asunto que cuentan...- dijo mientras yo volvía con el pequeño cuaderno entre mis manos.
"Es un relato largo y lleno de emociones" dije, obviamente exagerando "pero en este lugar disfrutamos de esa clase de cosas, y más si son exigidas por alguien".
Pensé un rato mientras ambos fijaban su mirada en mi.
"Todo empezó como siempre, con una historia increíble..."

viernes, 12 de febrero de 2016

Primer recuerdo.

Carmesí oscuro, sepulcral. J. Coltrane suena nostálgico mientras ceno una sopa de zapallo del otro lado del mostrador.
Afuera el eterno sonido de las bombas lejanas es tapado por el olor y delicado caer de la lluvia.
Un miércoles creo.
Se abre la puerta con el típico sonido de campanilla antigua y reconozco el olor que entra.
"Al fin" digo, sonriente, y preparo un café grande para este visitante "pasaron como dos semanas y pensé que no ibas a volver nunca, Carmesí estuvo tan abandonado..."
-alguien tiene que bailar sobre los agujeros del piso, no?-
Se sienta en la barra dejando a un lado su tapado empapado y un suave aroma a Virginia Slim, por alguna razón me cuesta mirar su rostro, ES difuso o quizás yo esté sin los anteojos.
"Por dónde empiezo?"
-por el principio.
"odio empezar por el principio" respondo armando frente a él dos juegos de café.
-entonces por la mitad.
 "Primero estaba perdida, no recuerdo bien, el lugar exacto es una ciudad de veraneo con lagos y estanques al final del continente, pero es un misterio el cómo llegué a aquel específico lugar, porque yo tomé conciencia cuando ya estaba dentro del recinto.
"conocía la historia de los hombres-pájaro, aunque creía improbable tal hazaña, quizás por eso terminé disfrazándome de periodista con la trenza, los anteojos y la libreta en mano, mi plan era descubrir si esos seres existían.
"En ese momento era más valiente que ahora. Tomé conciencia de que mi trabajo era entrevistar a quienes estaban en el lugar, y es en ese mismo momento empecé a percatarme de cómo era el espacio en el que estaba: una especie de enorme cancha de futbol sin techo, las paredes consistían en kilómetros y kilómetros de cañerias, por todo el lugar unos altos postes unidos por finos hilos adornaban el eterno firmamento. Mirando hacia arriba distinguí figuras humanas que saltaban y planeaban entre los postes, sosteniéndose cada tanto. En medio del espectáculo se me acercó un jóven artista que me contó sobre aquella escuela de planeadores aunque casi inmediatamente cambió de tema.
"me dió unas fotografías que hoy podés ver ampliadas, enmarcadas y colgadas en el pasillo que va a los baños, son las cañerías de aquel lugar. Como te decía el muchacho entonces me dió las fotos, seguramente creyendo que era en serio una periodista, yo medio confundida seguí con el juego porque en el fondo me encanta fingir que soy otra persona, esperé una explicación de por qué me daba aquellas fotos a lo que él me arrastró hasta la pared más cercana.
"Él me contó que las fotografías las había hecho una fotógrafa incomprendida, me contó que ella habia intentado captar la perfecta simetría de las cañerías, los increíbles caminos que recorría formando una pared de laberintos, mientras él me relataba la visión de la muchacha, cada vez me resultaba más claro lo que decía, la pared llena de caños resultaba muy interesante, intrincada, en cierto modo...hermosa.
"Hermosa, si, una belleza delicada, tan sutil, dios, qué tontos, ¿cómo ellos osaron burlarse de la fotógrafa?
"Ilusos, yo pensaba, simples, cómo no pudieron apreciar la belleza y perfección escondida en esa pared? son tan pocos los afortunados...
"Al joven le emocionó que entendiera y por eso me ofreció enseñarme a planear, pero te cuento una cosa, no tuvo que enseñarme porque yo salté y sin entender cómo ya estaba entre los altos postes moviéndome primero ágil, por momentos temerosa.
" mi relato termina cuando me di cuenta que no sabía dejar de planear, medio asustada e ignorando las indicaciones del artista comencé a caer en picada y terminé en el recinto contiguo, siendo más específica en un estanque lleno de algas enormes. Las pobres fotos se mojaron y por eso tienen una superficie más bien arrugada, pero las guardé con mucho cariño porque me recuerdan que lo hermoso puede estar escondido en los lugares más extraños".

Finalizado mi relato ambos nos quedamos en  precioso silencio, yo recordando feliz mis días como viajante y mi acompañante intentando cazar quizás alguno de esos recuerdos. Él se estaba terminando su café mientras que el mío estaba heladamente intacto.
-cuanto es?- dijo dando por terminada la noche, sonriente, pacífico.
"invita la casa"
-la historia también es gratis?-
"ah, esa es cara..."



sábado, 19 de diciembre de 2015

Las puertas.




Algo así como las cuatro de la mañana, el café cerrado del todo.
Yo estoy afuera debajo del cartel del bar, mirando la luna.
Un personaje se desliza hasta mi lado: figura alargada como el mismísimo recuerdo, lleva un cigarrillo asomado en su boca  y besa diálogos de humo.
- volás?- me dice disfrazando la inteción curiosa con el misticismo que caracteriza a los personajes de esta ciudad.
"Hoy, demasiado" respondo entre suspiros.
Me extiende el paquete de Virginia Slim.
"No fumo" digo, automática.
-es una buena noche para empezar, no?- Audaz. Yo extiendo mi mano y tomo uno de esos finos cigarrillos, lo apreto entre mis labios mientra cierro los ojos y la sombra  acerca el fuego.
Bocanada de humo amargo -aunque suave-, ahora yo escupo diálogos vaporosos restándole importancia al silencio de la noche.
Digo, por qué estar incómoda, todo es como deberia ser, porqué sin embargo siguen apareciendo estas noches que terminan por aturdir mi memoria? Incomprensible.
Rompo el silencio.
"Tengo que cerrar puertas".
- y qué estás esperando?
"un viento a favor, no se, llaves quizás"
Me da a entender con el silencio que la vida no se deja llevar por caprichos.
"Te dás cuenta, Él nunca me regaló el espacio para descargar, y hoy otra vez me despierto del letargo de la realidad y me siento tan estúpida de seguir arrastrando estos muertos del pasado..."
Otra vez su silencio me habla, culpándome un poco de todo esto.
"Pero quiero triunfar, aunque sea para caminar con la frente en alto, ignorando a toda la puta vida... solo construyendo mis pasos"
- eso está bien- me dice- persevera y triunfarás, como quien dice.-
El personaje suelta el cigarrillo diminuto y lo pisa.
"Yo tengo muchas historias para contar" le digo "vas a visitarme?"
-claro que si- responde sonriente.
Otra vez sola me siento un poco más liviana.
Es el riesgo que decidí tomar, cuando me mudé de la otra ciudad sabía que iba a traer conmigo los viejos fantasmas.
Pero evidentemente todavía no es tiempo de cerrar del todo la puerta.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Resiliencia.



Se deslizó una sombra por la entrada.
Fue tomando una forma humanoide oscura que se sentó en el rincón más apartado de Carmesí. Pidió café cortado chico.
  - Estás bien? - le pregunté sutilmente mientras dejaba el vasito de soda sobre la mesa junto al café. Sopa se sentó en mi pie.
  "Estoy sola" contestó una voz lejana, como un eco que provenía de un lugar muy cercano.
  - Qué te hicieron...- suspiré reconociendo la voz que me contestaba- Qué te hiciste?
 " Me abandoné de vuelta y Ellos no lo notaron, por eso siguieron siendo como siempre y eso me lastimó".
  - estás sensible - le contesté fría, pero me retracté rápidamente porque sentí que su alma pesaba- por qué no pediste ayuda?
 "No sé, quizás porque nadie me entiende, porque no tengo con quién hablar de literatura, música, de la vida y sus profundidades, estoy tan apartada del mundo y lo miro como una película pasar frente a mis ojos, siento que me muero un poco cada vez que los segundos se hacen minutos y estos horas" escuché como rodaban lágrimas "estoy tan sola...".
Me detuve un rato, se me ocurrieron mil cosas que decirle, pensé en cien mandatos que ella debía hacer para despejar su cabeza, obligarse, al menos una razón para vivir, al menos mil para ser feliz. Quería decirle que todo pasaba, que iba a estar bien mientras siga sus sueños y se esfuerce.
Que no se duerma.
Pero solo le pregunté algo.
  - te acordás de la palabra?
 Se quedó callada unos segundos.
" resiliencia" dijo.
  - ...aunque duela, aunque pese. Y si no podés codearte con nadie lo podés hacer con vos misma: mientras que te tengas nunca vas a estar sola, vas a ver que todo se soluciona lentamente como siempre lo hizo y mil puertas se abrirán a tu paso.
 La abracé, sentí como su corazón palpitaba: estaba viva.
"Gracias" me dijo.
Quizo pagarme pero le dije que no tenía sentido.
Acto seguido salí por la puerta, siendo otra vez una.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Visitante lejana.



Una de las personas que más acudió al café ultimamente es la jovencita extranjera.
A ver, me explico... este lado es quizás infinitamente más amplio y el término "extranjero" parece aplicable a todo aquel que se mueve por las calles.
Yo misma me siento extranjera cada vez que abro los ojos.
Pero hay algo en la muchacha, algo casi mágico que me llamó la atención desde el primer día (hace un par de semanas) que se sentó en una de las mesitas junto a la ventana.
Café chico cortado, pidió, "para charlas profundas" dije instintivamente, y ella sonrió como entendiendo.
Después de  varias visitas en las que cruzamos algunas palabras me contó su historia.
-Vivo en la ciudad El Hueco, un paraíso misterioso más muerto que vivo...- me dijo en cuanto apoyé la taza de café en la mesa.
-Estuve, aunque no me adentré más allá del ingreso a la ciudad- respondí recordando aquella terrible noche en las afueras de ciudad El Hueco (pero eso es otra historia)- la verdad es que no conozco la zona de los kilómetros... es linda?
Ella se acomodó en su silla y miró el reflejo de las luces que hacían los autos al pasar por la calle. Eran las siete de la tarde, otoño, Sopa dormía sobre una silla junto a la salamandra y además de nuestra alma compartida no había nadie más en Carmesí.
- Quiero que te lo imagines, una avenida llena de luz, a la derecha un lago que parece mar con un horizonte difuso que se disuelve entre las montañas lejanas cada tarde... pero hay un problema: los fuertes vientos y sabe Dios qué Luna generan unas olas muy fuertes que suelen tapar la avenida y los bosques del lado izquierdo de la avenida.
- ¿hay bosques? - le pregunté, curiosa.
- hay bosques de árboles al suroeste de la ciudad, pero lo llamativo del Hueco no son aquellos bosques antiguos que guardan otros secretos: frente al lago hay un bosque de corales y mejillones gigantes.
Yo no respondí, un poco por ignorancia otro poco por incredulidad, sencillamente la miré esperando que se explicara mejor.
- y cuando digo gigantes -continuó después de tomar unos sorbos de café- me refiero a corales y mejillones que pueden alcanzar los diez metros de altura, hay al menos cincuenta hectáreas de estos bosques que ocupan el mismo largo que las costas de la playa (unos diez kilómetros).
"Entonces todas las tardes cuando el agua sube hay que apurarse y huir a los montes o bien alejarse de las zonas de costa, porque si el agua te encuentra seguramente te va a golpear contra el bosque de corales y mejillones.
"los que desconocen esto pueden estar en riesgo, pero  hay un guardia que cuida las zonas de peligro advirtiendo a los turistas. Quienes vivimos en la ciudad ya estamos habituados y a partir de las siete de la tarde  nos retiramos sin apuro a nuestras casas.

Después de aquel pantallazo surrealista no pude menos que emitir un sonido de admiración. Si bien estaba acostumbrada a estos relatos casi fantásticos la idea del agua arrastrándo gente a una muerte segura en manos de afilados corales o hambriendos mejillones me provocaba escalofrios.
-Definitivamente voy a visitar tu ciudad- le dije mientras llevaba la taza, cuchara y platito a la cocina.
-Visitame!- me respondió mientras dejaba veinte pesos en el mostrador- vivo más allá de los kilómetros, en los campos verdes a orillas del bosque. Preguntá por la hostería azul.
Dicho esto abandonó el café.
Mientras cerraba todo y terminaba de limpiar las mesas pensé que definitivamente algún verano visitaría la misteriosa ciudad El Hueco.